Jornadas sobre el mensaje de Frondizi

PRIMERA JORNADA: POLÍTICA EXTERIOR

Palabras de la apertura del Presidente de la Fundación, Dr. Hugo Carassa

Estimados amigos:
La Fundación Centro de Estudios Presidente Arturo Frondizi, inicia con
esta reunión una serie de JORNADAS destinadas a tratar temas de
interés nacional, tomando como referencia el discurso del 1 mayo
1958, cuando al Dr. Arturo Frondizi asume la Primera Magistratura de
la Nación; vinculando esas ideas a la realidad actual de la Argentina.

En cada Jornada, se habrán de invitar a dos referentes, para que
expongan sus puntos de vista, y también se convocará a veinticinco
invitados –que es la capacidad de la sala- para debatir esas ideas, y
ponerlas en valor, actual, pues la mayoría de los problemas señalados
hace medio siglo, se mantienen, pues el país no se ha encaminado hacia
el desarrollo nacional y la integración.
En esta Jornada I, donde se tratarán temas de la Política
Internacional de la Argentina, han sido invitados: el Embajador
Doctor Archibaldo Lanús, y el Doctor Andrés Cisneros, ex vicechanciller,
para que expongan su visión.
La propuesta de nuestra Entidad es, debatir con “propuestas”, y al final
del Ciclo compilar las ideas que se plasmen, para asi realizar una
contribución a la sociedad y al país
Agradecemos desde nuestra Entidad, la presencia de los disertantes, de
los invitados, como así también de los Consejeros de la Fundación.
El Dr. Julio Conte Grand tiene la palabra para hacer la introducción a
esta jornada

Introducción a una evaluación sobre la política exterior del presidente Frondizi, en su primer mensaje al Congreso Nacional, por el Doctor Julio Conte-Grand.

“La República Argentina es una nación soberana”.
La frase de inicio del Capítulo VII del histórico discurso inaugural de las sesiones del
Congreso de la Nación del 1 de mayo de 1958 es rotunda.
No sólo se trata de una fuerte reivindicación de la soberanía nacional sino también una
toma de posición respecto de una cuestión clave como es el reconocimiento de que la
Nación es una categoría histórico-política vigente.
Representa por lo demás una definición muy significativa: el objetivo de toda política
exterior es la defensa del interés nacional.

A partir de la consolidación de la estructura nacional como base de todo el diseño de la
política exterior, el presidente Frondizi pone de manifiesto la necesidad de fortalecer los
lazos con el resto de los países de América Latina con los que nos liga un destino común y
desde allí avanzar en lo que denomina la “empresa común de redención humana”.
Porque “históricamente pertenecemos al mundo cultural de Occidente” y nos preocupa el
género humano, afirma el presidente Frondizi.
La prioridad en materia de política exterior es así la “hermandad latinoamericana”, a la que
debe avanzarse a partir de concretar niveles semejantes de progreso material y espiritual,
removiendo las desigualdades y propiciando el entendimiento en definitiva de todos los
pueblos, porque a la integración se arribará “como culminación de los procesos previos de
integración y desarrollo nacionales”.
Sostiene Frondizi que es importante apreciar que existe, como guía, una moral internacional
basada en la libertad, la democracia, la paz, el progreso, la autodeterminación y la plena
soberanía de todas las naciones, en un plano de absoluta igualdad.
Observa asimismo que debe buscarse la materialización de un efectivo Derecho
Internacional, permaneciendo la Argentina en la OEA, en las Naciones Unidas y en otros
organismos internacionales de cooperación cultural, social, técnica y humanitaria.
Rescata por otra parte el valor del comercio como factor de integración mundial.
Deja asentado por último, que será un objetivo de su Gobierno en materia de relaciones
internacionales cumplir todos los compromisos legalmente contraídos, fruto de “una
consecuente y voluntaria decisión del pueblo argentino”

Frondizi y su Política Exterior, por Andrés Cisneros.

Encontrándose aquí el embajador Lanús, no me animaría a
intentar una semblanza acabada de la política exterior del
gobierno de Arturo Frondizi, tema que él mismo y más de uno
de ustedes debe conocer mejor que yo.
Pero en el ánimo de aportar, pensé en enfocar esta charla de
una manera semejante a como lo hicimos en la Historia
General de la Relaciones Exteriores de la República Argentina,
pero se trata de una obra en quince tomos y la parte
dedicada a la política exterior de Frondizi se extiende por 129
páginas, de manera que tendré que hacer un desarrollo
mucho menor, seguramente bastante empobrecido.

La figura de Arturo Frondizi siempre me ha hecho evocar a la
alegoría de la caverna, de Platón. Como ustedes saben, en la
antigua Grecia, un joven esclavo, nacido y criado dentro de
una profunda mina, consigue escapar, conoce al mundo y
decide volver para contarle a sus compañeros que afuera de
esa cueva, afuera de sus cerrados límites, existía todo un
mundo llenos de oportunidades. Sus propios congéneres no
le creen y deciden seguir viviendo en la cueva.
Seguramente en este recinto no sería ninguna novedad que
alguien afirmara que la hostilidad contra Arturo Frondizi y su
derrocamiento final constituye un error mayúsculo en la
historia argentina del siglo veinte. Se trata de una opinión

cada día más generalizada y alcanzó incluso a no pocos
sectores responsables de ese accionar tan equivocado.
Esto no es casual, porque muchas de las percepciones y
propuestas de Frondizi en aquella época continúan vigentes
hoy en día, lo que realza la visión de largo alcance que tuvo
en política exterior. A pesar de que el mundo ha cambiado
sustancialmente, varios de sus rasgos son persisten con
absoluta actualidad.

La diferencia entre un estadista y un simple político es que el
estadista tiene la capacidad de ver mucho más lejos y, así, no
trabajar solo para la tapa de los diarios del día siguiente.
Frondizi tenía esa condición y, ya se sabe, hay hombres que
terminan siendo contemporáneos de su propia posteridad.
Ese es su privilegio y, muchas veces, su tragedia.
Es evidente que Frondizi era un hombre de estado,
adelantado a su tiempo, hoy diríamos que la tenía muy clara.
Y quizá también diríamos que le era, de entrada, imposible
conseguir mucho más éxito con las cartas con que le tocó
jugar su partida.

Digo esto porque cuando uno repasa las condiciones internas
y externas en que le tocó desenvolverse, bien podría decirse
que a Arturo Frondizi en el gobierno le tocó navegar en medio
de una tormenta perfecta. No le faltó nada en contra.
Lo primero que salta a la vista en ese momento de la realidad
argentina es la enorme incomprensión de la cultura política

argentina acerca de lo fundamental que, para el desarrollo
económico nacional, revestía el papel de las inversiones
extranjeras. Frondizi lo veía con claridad, pero la opinión
pública, no.
Todavía nos encontrábamos muy lejos del el mundo de las
comunicaciones y el transporte que hoy nos facilita el
contacto con la más avanzada modernidad y, en ese relativo
aislamiento semiprovinciano continuábamos ignorando que
la Argentina que se disolvía, que cada día iba existiendo un
poco menos. Una Argentina que se creía con posibilidades de
ser una Potencia Mundial, capaz de desarrollarse y vivir “con
lo nuestro” y en la que el concepto de soberanía era
inversamente proporcional al de la asociación con el mundo.
Una Argentina donde la autonomía y la autarquía se
valoraban como elementos opuestos a la cooperación y la
interdependencia.

Una sociedad así se encontraba esencialmente imposibilitada
de comprender la vulnerabilidad de su política exterior frente
a las realidades del mundo.
La característica fundamental de la época era una
transformación tecnológica que anticipaba el surgimiento de
una nueva revolución industrial, y el frondicismo lo entendió,
coincidiendo con la advertencia de Perón de que, en el
mundo, la historia tendería a ser cada vez más historia
universal.
Japón, Alemania e Italia habían sufrido una derrota
mayúscula apenas quince años antes y Japón todavía tenía un

PBI inferior al argentino, pero eran sociedades que
entendieron cómo funcionaba el mundo y se reconstruyeron
velozmente, mientras Argentina continuaba desgranándose
como en medio de una anestesia que nos impedía percibirlo.
Son los años cuyo estudio permitió a Samuelson aquella
afirmación de que hizo falta tanto talento para arruinar a la
Argentina como para levantar al Japón.

Por ejemplo, la oposición a Frondizi –y el propio Frondizi lo
especuló hasta poco tiempo antes- creyó que se podía
prescindir del capital extranjero para el desarrollo de
nuestros hidrocarburos o que la inflación podía combatirse
solo con ajustes sin necesidad de hacer crecer la economía.
Cuando Frondizi comienza a insistir con la bandera de
“desarrollo”, buena parte de la sociedad argentina no
entendía la urgencia que el joven candidato le atribuía a ese
tema cuando, en su opinión, estaban pendientes muchos
otros asuntos que, esos sí, de veras eran importantes.
La Tormenta perfecta que Frondizi debió afrontar tenía una
gran variedad de elementos:
1. Para comenzar, llegó al poder sin los votos propios
necesarios, sino a caballo de un acuerdo con Perón, de
naturaleza inicialmente electoral que luego no se pudo
transformar en un acuerdo programático, de manera que
siempre tuvo que manejarse con un capital político
hipotecado, con vencimiento de esa deuda a la vuelta de cada
ocasión electoral;

2. Sus votos propios no solo eran insuficientes sino que
provenían de un desmembramiento minoritario del partido
radical, cuyo tronco histórico ni lo acompañó ni lo defendió,
aun cuando de esa manera terminaron legitimando, otra vez,
la ruptura del orden constitucional;
3. La inmensa mayoría de las Fuerzas Armadas no lo
defendió y, en mucho menor porcentaje, pocos lo
acompañaron. Apreciaron su acuerdo con Perón como una
forma de burlar el aislamiento que los militares intentaban
aplicar al justicialismo y una peligrosa manera de facilitarle el
regreso al Poder.

4. Los Estados Unidos se negaban a repetir en América Latina
la exitosa política de inversión y desarrollo económico que si
impulsaron en Europa Occidental, determinando que la
prioridad de su política para la región era la de combatir al
comunismo, no importando si ello suponía tolerar, cuando no
patrocinar, golpes de Estado y gobiernos no democráticos;
5. Esa coincidencia objetiva entre el Departamento de
Estado y los intereses de las Fuerzas Armadas argentinas y de
casi toda América latina, operó como un juego de pinzas que
le permitió a los militares recuperar el poder con el
argumento de que Frondizi facilitaba o, al menos, no estaba
dispuesto a impedir el avance del comunismo en nuestro país
y en la región,

6. La política sobre Cuba expresaba con toda evidencia este
aspecto de la Tormenta Perfecta. Quizá Kennedy entendía

que no se podía combatir solo a las consecuencias si no se
combatía también a las causas de una eventual radicalización
izquierdista de la Región. Y quizá vislumbró en Frondizi a un
estadista capaz de convencer a la Región de que el desarrollo
y la democracia eran el mejor antídoto contra el común ismo.
7. Si esa era la intención de Frondizi, no consiguió el
acompañamiento de los países más importantes de América
latina, comenzando por México y Brasil, con lo que, frente a
Kennedy y la burocracia norteamericana, se quedó para jugar
esa partida, con lo que pudieran valer las cartas argentinas en
soledad.

8. Kennedy no pudo convencer ni a los republicanos ni a su
propio partido y, después de matarlo, a él y, por las dudas, al
hermano, ya no quedó nadie dispuesto a continuar con el
enfoque de la Alianza para el Progreso.
9. Frondizi intentó mejorar sus cartas aceptando cambiar a
su ministro de Economía y tomando medidas ortodoxas de
ajuste, sumando la posibilidad de inversiones petroleras de
Estados Unidos y Gran Bretaña, pero su condicionamiento de
que todo eso fuera compensado con préstamos e inversiones
de enorme importancia fue interpretado, para consumo de la
opinión pública norteamericana, como una extorsión antes
que como una negociación legítima.

10.Derrotada la alternativa kennediana en la política exterior,
Washington adopta la política anticomunista más cruda y,
como consecuencia, habilita a las Fuerzas Armadas del resto

del continente a jaquear a sus gobernantes democráticos con
una política en línea con la de Washington frente a La
Habana, con el consiguiente debilitamiento de esos gobiernos
civiles.
11.Tal vez Frondizi pensó que claudicar frente a Washington
le alienaría el voto de las clases medias progresistas y tal vez
no tomó demasiado en cuenta cómo el voto finalmente
favorable a Cuba le haría aumentar el fastidio de los militares,
que tutelaban con evidente hostilidad a su gobierno civil. La
parte positiva de ese voto fue el hecho de haberlo convenido
con Brasil México, Bolivia, Chile y Ecuador, lo que nos dejó en
situación de derrota continental pero no de aislamiento
regional;
12.Esto suponía además, una defensa, siempre popular, del
principio de no injerencia en los asuntos internos de otro país
y la explicación de que –más allá de los principios- solo un
masivo desembarco de inversiones y préstamos
norteamericanos hubiera podido permitirle explicar en
Argentina un voto diferente sobre Cuba;
13.La respuesta británica y norteamericana –respaldada por
el Fondo Monetario – siempre fue que Argentina ya se
encontraba excedida en su capacidad de crédito y no se
vislumbraba cómo podríamos responder si ese
endeudamiento se aumentaba dramáticamente con nuevos
préstamos e inversiones. Un estudiante de primer año de la
facultad de Economía podría responder fácilmente a ese
argumento pero, ya se sabe, los países más débiles debemos
pagar nuestros propios errores y, también, los errores de los
países más fuertes;

14.La retórica del panamericanismo recitaba el catecismo de
que los estados del Continente se necesitaban mutuamente,
pero la cruda realidad es que todos y cada uno de los
latinoamericanos necesitaban a Washington muchísimo más
que Washington a nosotros, como quedó demostrado cuando
les votamos en contra de su propuesta sobre Cuba y lo mismo
siguieron adelante;
15.Mientras tanto el peronismo, en su objetivo de retornar al
Poder, comienza a coquetear con revolucionarios de
izquierda, lo que debilita aún más a la posición de Frondizi, al
que sus enemigos siempre pintaban como una marioneta de
Perón o, al menos, alguien demasiado vulnerable a lo que
Perón decidiese. En este caso, a alguna forma de convivencia
con terroristas de izquierda revolucionaria.

16.Por su parte, el radicalismo tradicional no defendió a
Frondizi ni siquiera cuando este se encontró amenazado de
derrocamiento y, con ello, el radicalismo –que ya había
avalado la proscripción de las mayorías- aparecería
legitimando, con su silencio, una nueva ruptura, otra más, del
orden constitucional.
Si uno analiza su política exterior, resulta difícil no sentir
adhesión a objetivos de Frondizi. Por ahí podría decirse que,
forzado por las circunstancias o como producto del
entusiasmo por la solidez intelectual de esas ideas, trató de
abarcar más de lo que podía apretar. Eso ya se ha discutido y
el debate sigue abierto.

Lo que hoy quisiera puntualizar es algo que encuentro menos
explorado, que es la vigencia, la notable actualidad, del
pensamiento frondicista en todas las materias, incluyendo la
política exterior. A medio siglo de ese momento histórico,
varios de los problemas de entonces continúan vigentes hoy
y, en casi todos los casos, agravados.

Así, enfrentando el dato incontrastable de que la importación
de hidrocarburos consumía un tercio de nuestras
exportaciones, Frondizi apuntó al autoabastecimiento para
retener divisas a las que podría darse otro destino productivo
y, dado que nuestra capacidad de ahorro interno resultaba
insuficiente, optó por abrir el rubro a las inversiones
extranjeras, en una decisión de doble efecto: hacia adentro,
investir al capital extranjero del papel de elemento
dinamizador de la economía y, hacia adentro, generar con los
países más poderosos del mundo un principio de política
exterior que los vinculara a nuestro país de una manera
concreta, con intereses en común que pudieran sellar más
coincidencias que vendrían después.

Aunque el peronismo se opuso terminantemente a esos
intentos de Frondizi, esa política petrolera empalmaba con
los intentos del último Perón con los contratos de la Standard
Oil y se renuevan hoy en día entre nosotros, con el fenómeno
de Vaca Muerta y nuestra permanente imposibilidad de
explotar esos recursos solo en base al ahorro interno.

En ese esquema, la alianza puramente electoral con el
peronismo podría profundizarse en una alianza entre la clase
trabajadora y la nueva burguesía industrial progresista, que
emergería del boom de desarrollo que esa `política exterior
podría facilitar.
La descontada oposición del radicalismo y, eventualmente,
del peronismo político, podría resultar compensada con la
profundización de las relaciones con Iglesia (enseñanza libre,
posición frente al divorcio y el aborto), los sindicatos (la ley de
Asociaciones profesionales), sectores medios progresistas y
hasta al menos una parte de las Fuerzas Armadas.

Volviendo a la política exterior, el contexto internacional
complicaba la situación del gobierno argentino, ya que la
revolución sedicentemente socialista en Cuba introducía a la
Guerra Fría en el continente, despertando todas las alarmas
del sistema de seguridad norteamericano.
Desoyendo los consejos de Frondizi a Kennedy, Washington
descartó atacar las causas de la simpatía revolucionaria en
América latina, que se originaban en el subdesarrollo y la falta
de esperanza, para adoptar una respuesta puramente
represiva, atacando a los síntomas, no a las causas, con lo que
completaron la receta de una fórmula infalible para provocar
un desastre: a un reclamo social oponerle una respuesta
policial.

A la vista de lo que sucedió después durante más de medio
siglo de embargo, Frondizi tuvo toda la razón desde el
principio: lo de Cuba no debía tomarse como un asunto
ideológico sino como un síntoma de lo que pasa con los
países que se encuentran excluidos de un proceso continental
de desarrollo.
Exactamente como pasa hoy.
El veneno del ideologismo llevó al Presidente Frondizi a ser
acusado tanto de ser un títere de Washington, como de ser
un agente del comunismo internacional, todo al mismo
tiempo.

En resumen: el problema no era Castro y su mensaje, el
problema era el subdesarrollo. Y la negativa de Estados
Unidos no haría sino confirmar la famosa frase de Kruschev:
“Castro no es comunista, pero Washington va a hacer de él
uno muy bueno.”
Más de cincuenta años después, ya en nuestros días, todo el
continente puede observar cómo esa muy equivocada política
norteamericana tiene que dar marcha atrás y levanta, hoy,
con medio siglo de atraso, un embargo tan absurdo como
ineficaz.

Y cómo, los mismos países que en su momento alegaron que
no se pronunciarían porque se trataba de un tema bilateral
entre Cuba y los Estados Unidos, y no acompañaron la

propuesta de Frondizi y las expectativas de la Alianza para el
Progreso, reclaman hoy a Washington, ahora si, por una
participación que se les niega, en el regreso de Cuba al
sistema interamericano, en una negociación donde la OEA
hasta ahora no fue invitada y el resto de los gobiernos de
América la mira desde afuera.
Frondizi se replegó hacia una aceptación de la condición
bilateral del conflicto en una maniobra de defensa propia,
esto es, cuando fracasó la idea de una acción colectiva que
atrajera a Cuba al sistema occidental de valores, al sistema
republicano de gobierno y al sistema capitalista de
producción, ofreciéndole una alternativa muy superior a la de
abrazar al comunismo y una alianza con la Unión Soviética.

Allí sí, cuando esa propuesta es descartada y Washington
exige una acción colectiva ideológica y represora, Argentina
opta por considerar el asunto como puramente bilateral, a lo
sumo enmarcado en el área de América central, no
Sudamérica.
Resulta interesante señalar otra anticipación en política
exterior: en esa época, Frondizi ya se refería a “Sudamérica”
como un enclave regional con intereses diferenciados,
concepto que tardó muchos años en ser comprendido por la
mayoría de la clase política y los expertos en política exterior
y mucho menos en los documentos oficiales. Era en esos
términos que se expresaba en las cartas a Kennedy.

En tanto, caída en su lugar origen la Alianza para el Progreso,
la alarma anticomunista desatada por Castro funcionó como
elemento legitimador de la intromisión de las Fuerzas
Armadas mucho más que antes en el manejo del poder
interno de la Argentina. De árbitros, pasaron a ser cada día
más protagonistas.
De hecho, la Doctrina de la Seguridad Nacional permitió a las
Fuerzas Armadas contradecir la política más prudente de su
gobierno constitucional para actuar, ellas sí, abiertamente,
como aliadas de los Estados Unidos en la lucha contra el
comunismo, a cambio de nada para nuestros países. Todo, en
nombre de la seguridad hemisférica.

Más bien, a cambio de que se pavimentara de esa manera el
camino del regreso de las Fuerzas Armadas al control del
Poder entero de la República Argentina y de otros países de la
región.
De nuevo, otra tormenta perfecta: el anticomunismo en lo
externo y el antiperonismo en lo interno se fundieron como
expresiones de un mismo mensaje totalitario, tan fuerte que
duró hasta 1983, y que podría haber seguido bastante más,
de no mediar otro factor propio de nuestras relaciones
internacionales, que fue el desastre de Malvinas en 1982,
donde nos arreglamos para armar otra tormenta perfecta:
invalidamos la fuerza moral de nuestros mejores derechos
recurriendo, sin aviso, a la fuerza militar, en una guerra que
terminamos perdiendo absolutamente y que iniciamos, por

mar, frente a la tercera flota más poderosa del mundo, de un
país históricamente aliado a los Estados Unidos, miembro de
una NATO que no podía mostrar debilidad en medio de la
Guerra Fría y en que conseguimos nada menos que la
unanimidad en contra de los cinco miembros permanentes
del Consejo de Seguridad, hazaña diplomática impensable en
un mundo donde China y la Unión Soviética vetaban casi
invariablemente las propuestas occidentales, y viceversa.
Nosotros conseguimos que, contra Argentina, votaran todos
juntos.
Otra vez adelantado a su tiempo, Frondizi avizoró que el fin
de la Guerra Fría permitiría desviar recursos militares hacia el
desarrollo de la ciencia y la tecnología, en un esquema de
cooperación superador del enfrentamiento norte contra sur,
con el consiguiente beneficio para las naciones
subdesarrolladas.

Desgraciadamente, ese proceso tardó más de lo esperado y,
para cuando floreció en el mundo, el proyecto desarrollista ya
no se encontraba en el poder en Argentina.
La Revolución Libertadora se había focalizado en las relación
es con Gran Bretaña y Frondizi procuró mejorarlas
sustancialmente con Estados Unidos, sobre la base de tres
puntos centrales, personalmente explicadas al vicepresidente
Nixon cuando vino a la asunción presidencial de mayo de
1958: ayuda financiera, políticas comerciales y el programa
de excedentes agrícolas.

La respuesta, como se sabe, resultó decepcionante: los países
de América latina debieran apostar al comercio, las
inversiones solo privadas y las bondades de un eventual
derrame.
Al año siguiente, Frondizi mismo expuso nada menos que
ante el Congreso de los Estados Unidos el núcleo central de
su visión: países estancados y empobrecidos no podían
asegurar instituciones democráticas y pasarían a convertirse
en un campo propicio para la anarquía y la dictadura.
Allí volcó su concepción del problema de fondo, también
transmitido en varias cartas personales a Kennedy. Cito
textualmente: “El Plan Marshall salvó los valores y la
civilización de Occidente. Ningún país subdesarrollado puede
resolver sus problemas democráticamente sin ayuda de los
países desarrollados.”

Otra prueba de la visión anticipatoria que tenía Frondizi de
nuestros problemas se evidenció en las relaciones con
nuestros vecinos, especialmente Brasil y Chile.
Las Fuerzas Armadas siempre agitaron el cuco de la supuesta
peligrosidad de nuestros vecinos como una manera de agitar
un argumento patriótico que les proveyera de apoyo interno.
Frondizi maniobró los espinosos conflictos fronterizos con
Chile de una manera claramente anticipada de cómo, en los
Noventa, terminamos de solucionarlos a través de la
cooperación y no el conflicto.

Y con Brasil procuró establecer mecanismos de, al menos,
información y cooperación en las respectivas política
exteriores, plasmado en un Convenio de Amistad y Consulta
firmado en 1961 con Janio Quadros (y negociado antes con
Kubitschek), que conforma un claro antecedente de lo que,
junto con el ABC de Rio Branco y luego de Perón, Getulio
Vargas e Ibáñez del Campo, apuntaba en la correcta
dirección, que muchos años después daría lugar al Mercosur,
la posibilidad más importante que tuvo la Argentina de
ingresar a la Modernidad durante el siglo veinte, y hoy en
estado de avanzada catalepsia.

Esta Declaración de Uruguayana recogió, como era de
esperarse, más de una interpretación, entre las que se
destacan la de Conil Paz y Ferrari, distinta de la de Lanús, que
personalmente considero más adecuada.
Otro tema de política exterior que exhibe una mirada de larga
distancia fue la de Frondizi respecto de la Antártida. La firma
del Tratado Antártico permitió nuestro país sentar una baza
jurídica en un tema altamente politizable y, al mismo tiempo,
excluir a la soberanía de la Antártida de la Guerra Fría y las
distorsiones que la lógica de la Guerra Fría podrían haber
introducido en esa región, como sucedió en el caso de Cuba y
tantos otros.

De hecho, igual que respecto a la integración sudamericana,
esta visión antártica, por un lado protegió nuestros derechos

y, por el otro, señaló el camino de cooperación que, yo creo,
llevará a que, en el siglo veintiuno, se resuelva
definitivamente el tema de las soberanías –nacionales o noen
el Polo Sur.
Personalmente sostengo una teoría, bastante solitaria, en el
sentido de que el tema de Malvinas no podrá resolverse en
soledad sino en el marco de una negociación internacional
que incluya a la Antártida y el Atlántico Sur, pero eso ya
escapa al tema de Frondizi y podemos hablarlo después, si
interesa.

Ustedes han publicado la totalidad de los discursos
presidenciales de Arturo Frondizi, como un aporte
inestimable al debate de las ideas y de la historia política
argentina, pero no solo como una contribución al
conocimiento histórico sino también como un acto político,
republicano, un testimonio de pluralismo de la más vigente
actualidad. Como digresión, o no tanto, permítanme hablarle
de cómo se trató en la actualidad argentina a otra colección
de discursos:
Durante su mandato, Di Tella dispuso crear una página oficial
del Ministerio y, dentro de ella, incluir todos los discursos y
pronunciamientos de todos los cancilleres y las partes
pertinentes a la política exterior de todos los presidentes de
la Democracia, como una primera etapa, que seguiría hacia
atrás, cubriendo a toda la Historia argentina, como elemento
de conocimiento y pluralidad en nuestra materia exterior.

Cuando dejamos la Cancillería, ese trabajo estaba
completado. Todos esos discursos, con las correspondientes
definiciones de cada gobierno en política exterior, se
encontraban subidos a la página.
A poco de asumir el presidente Kirchner, me sorprendí
comprobando que todo ese material había sido borrado y, en
ese espacio, solo aparecían los discursos del canciller
kirchnerista. En este libro, que dono hoy para la biblioteca de
la Fundación, se lo cuenta con detalle, pero resumo aquí que
me entrevisté con el Canciller (única vez que me recibió, solo
que fuera de la Cancillería) a quien le expresé mi
preocupación y pedí se repusieran esos discursos. Les resumo
la respuesta: el Canciller dijo que no sabía nada, que buscaron
esos discursos o sus copias pero que no encontraban nada
(para quienes no lo saben, la Cancillería contaba en ese
entonces con un archivo, en la calle Cepita, casi del tamaño
de casi media manzana).
Le sugerí tres cosas: una, que iniciara un sumario para
investigar responsabilidades, dos, que encargara al Consejo
de Embajadores la reconstrucción de ese archivo y, mientras
tanto, requerir a nuestro representante en Naciones Unidas
que, al menos, comprara fotocopias de los discursos en
Naciones Unidas.
Por supuesto, no hizo nada de nada, no pude verlo nunca más
y ese material histórico está perdido para siempre.

Jorge Hugo Herrera Vegas, por propia iniciativa encontró dos
discursos en instituciones privadas y, por mi parte, obtuve

esas fotocopias en Nueva York y hoy, de los cancilleres de la
democracia anteriores al kirchnerismo figuran solo esos
discursos ante Naciones Unidas, mientras que, de los
cancilleres kirchneristas, la contabilidad es la siguiente:
Caputo, con 65 meses de gestión, aparece con 8 discursos,
todos en la ONU

Rodríguez Giavarini, en 24 meses, 2 discursos, ambos en la
ONU
Ruckauf, en 16 meses, 2 discursos solamente… ¿Adivinan
dónde? En la ONU

Cavallo les ganó a todos: parece que nunca dijo nada.
En cuanto a Di Tella, que estuvo la friolera de 107 meses,
aparentemente solo habló en 4 ocasiones, también en
Naciones Unidas, más una en el Centro de Ingenieros y otra
en el CARI. Total, seis.
Por suerte, los cancilleres del kirchnerismo parecen haber
trabajado más:
Bielsa aparece con 72 discursos en apenas 29 meses

Taiana con 106 discursos en 52 meses
Finalmente, antes de venir a esta presentación volví a entrar
en la página y nuestro actual canciller ya figura con 55
discursos en 51 meses. Tiene mejor promedio que Cristiano
Ronaldo.

En resumen, en el reino del Pensamiento Único solo existe la
palabra de sus cancilleres, no hay lugar para una opinión
distinta.
Otra muestra, redonda, de la mudanza al Mapa de Borges.

En suma, que la Tormenta Perfecta pudo hacer parcialmente
naufragar la instalación de una política nacional de desarrollo
y de inserción en el mundo que podía habernos cambiado la
vida, para mejor, a la totalidad de los argentinos.
Pero se trató de una victoria reaccionaria a lo Pirro, porque
aquél mensaje de modernidad y progreso se encuentra hoy
arraigado de manera irreversible en la opinión pública y las
demandas de la sociedad en que a Arturo Frondizi le tocó la
misión de señalar el camino correcto.

Política Exterior del Presidente Arturo Frondizi, por Juan Archibaldo Lanús

La historia argentina guarda en su memoria el recuerdo del
Presidente Arturo Frondizi como uno de los más eminentes
estadistas de nuestro país y sin duda uno de los más honestos.
Los postulados de la política internacional que su gobierno
prometió llevar adelante están expuestos en su discurso
inaugural del 1 de mayo de 1958 que esta reunión tiene por
objeto comentar

1. Para el Doctor Frondizi, América Latina era mucho más que
un conjunto de países unidos por la geografía o la historia, era
una “empresa común de redención humana”, un destino común.
Reconoce como gran desafío de la región la superación “de la
miseria en que viven sumidos millones de seres…” Asumió como
desafío moral velar por esos seres a fin de que alcancen el mismo
desarrollo alcanzado en otras latitudes. Proclamó, en segundo
término, que la política internacional argentina debería colocarse
al servicio de la “hermandad latinoamericana” y de la vigencia de
una “moral internacional basada en la libertad, la democracia, la
paz, el progreso, la autodeterminación y la plena soberanía de
todas la naciones, en el plano de absoluta igualdad”.

Como tercer postulado expresó que pertenecíamos al mundo
cultural de Occidente, que para nosotros no era condición de
antagonismo. Bajo estos principios el gobierno de Frondizi llevó
adelante una política exterior de grandes ambiciones, y para ello
contó con ministros, embajadores y otros colaboradores de gran
inteligencia y capacidad, como los cancilleres Florit y Cárcano, el

embajador Carlos Muñiz en Brasil, Rogelio Frigerio, y muchos
otros.
2. Su presidencia se ubica en un tiempo de grandes tensiones y
turbulencias frente a las cuales Frondizi actuó con inteligencia,
determinación y coraje. Antes de referirme a su política exterior
quisiera describir someramente cual era el panorama
internacional y la situación doméstica.

Desde el bloqueo de Berlín en 1948 hasta prácticamente la
década del ochenta, el mundo vivía lo que se llamó “ la guerra
fría“ la cual introdujo una estructura de bloques que imposibilitó
el funcionamiento del orden internacional tal como había sido
previsto por la Carta de San Francisco en 1945. Ni la seguridad
colectiva funcionó bajo la competencia del Consejo de Seguridad,
ni los principios básicos de la Carta pudieron respetarse frente a
la lógica de alianzas estratégicas que no compartían los mismos
valores, tenían objetivos antitéticos e interpretaban el bien
colectivo del mundo a partir de sus particulares visiones políticas
o ideológicas.

El mundo que vivió esa disociación provocada por los bloques
creó limitaciones y restricciones en el campo de las relaciones
comerciales y financieras y en el ámbito de la ayuda para el
desarrollo. El sistema de equilibrio centralizado en la rivalidad de
las superpotencias actuó negativamente en la periferia limitando
la libertad de acción de países como la Argentina, confrontados
al dilema de elegir una ubicación dentro de opciones ideológicas
contrapuestas.
Por un lado estados Unidos lideraba el bloque occidental con sus
aliados europeos, Japón y otros países del Asia y por otro la
Unión Soviética con su zona de influencia en Europa Oriental y

la China dirigía lo que se llamó el grupo de países socialistas. Los
primeros se agruparon en la Alianza Atlántica y la NATO, un
pacto militar suscripto en Abril de 1949, y por otra parte el
grupo soviético cuya alianza se estructuró a través del Pacto con
China en febrero de 1950 y el Tratado de Varsovia de marzo de
1955.

Una serie de pactos y tratados de alianza con países periféricos
exteriores al área de confrontación Este – Oeste fue
consolidando la disociación y la división de la estructura política
económica internacional introduciendo una rigidez que
contravenía el espíritu de la Carta de San Francisco. (Numerosos
tratados, entre estados occidentales y países no partícipes de la
NATO, consolidaron la fragmentación del sistema mundial. Baste
citar Nueva Zelandia, Pakistán, Corea del Sur, China Nacionalista,
también los que integran el Pacto de Bagdad, etc.).

La intensidad de las tensiones entre el Este y el Oeste tuvo
diversos estadios – confrontación, coexistencia, distensión –
pero el clima de temor e inseguridad persistió hasta la implosión
de la Unión Soviética. El derrumbe del Muro de Berlín el 9 de
noviembre de 1989 se transformó en una fecha simbólica.

El gobierno de Frondizi transcurre en el momento más crítico y
tenso de esa confrontación lo cual es un dato muy importante
para evaluar la original postura internacional que asumió
(recordemos la invasión de Hungría en 1956, la intervención de
10.000 soldados norteamericanos en el Líbano en 1958 y la Crisis
de los Misiles en octubre de 1962).
Hasta la época de Frondizi, la Argentina había formulado
históricamente dos doctrina de política internacional: la
“neutralidad”, defendida por Hipólito Yrigoyen, y la doctrina dea “Tercera Posición“, enunciada por el presidente Perón en
1947. Frondizi será el artífice de una original e imaginativa
política exterior en los tiempos de confrontación política y
militar e intolerancia ideológica que imponía la “guerra fría“

En el plano interior Frondizi tuvo que hacer frente a un
hostigamiento político e ideológico de una sociedad que no
había podido superar sus profundos antagonismos y tensiones,
en gran parte provenientes del golpe de estado de 1955 que
derrocó al Presidente Perón. Se vio obligado a superar muchos
escollos por las repetidas luchas entre facciones civiles, el asedio
de los militares, las críticas del sindicalismo y la acérrima
oposición de sus antiguos correligionarios de la UCRP. Los
peronistas le reprochaban no haber cumplido una promesa de
poner fin a la proscripción y los ideólogos de la Revolución
Libertadora auscultaban con obstinada insistencia todo
abandono a los principios de la política de rechazo y exclusión
del “líder“ y sus seguidores. Habían practicado la proscripción a
pesar del lema que prometió el general Lonardi de no descalificar
a los vencidos. Continuaba la obsesión de terminar con el
peronismo y para ello Aramburu practicó una política aplicada

con frecuencia en el Imperio Romano: la “Damnatio Memoriae“,
que consistía en suprimir en la memoria todo vestigio del
enemigo. El gobierno de Frondizi abordó estos dos escenarios
con realismo, inteligencia y coraje. Dos cuestiones marcarían con
fuego su destino. En lo internacional Cuba, en lo interior el
peronismo.
3. Veamos cuales fueron los principales hitos de la política
exterior de Frondizi.

Creo que podríamos definir la premisa central de su política
exterior como sigue:
Crear las bases de un poder nacional independiente y soberano a
fin de negociar con el exterior las mejores condiciones posibles
en beneficio del desarrollo económico y social y por otro lado
garantizar un clima de paz y cooperación en la región
latinoamericana, evitando que la dominen las consecuencia de la
confrontación política, ideológica y militar Este – Oeste.

Es decir por un lado mejorar nuestras relaciones con el mundo,
empezando por las grandes potencias de aquella época, para
lograr un aumento del flujo de inversiones, tecnología,
financiamiento, intercambios, necesarios para el desarrollo
nacional. Por otro no dejar que la región caiga en las tensiones
de la “guerra fría“

4. En lo que respecta a la posición frente al conflicto Este –Oeste,
Frondizi confirmó su vocación de pertenecer al “mundo
occidental“ pero asumió una posición crítica frente a los Estados
Unidos y Europa que deliberadamente olvidaban a América
Latina, única zona económica y socialmente no desarrollada del
Hemisferio Occidental. Frondizi no aceptó la fatalidad de la
división del mundo en bloques antagónicos y puso especial
énfasis en los objetivos de desarrollo económico y social de los
pueblos más postergados. Esa posición la repitió el presidente
en sus conversaciones con todos los líderes del mundo
occidental a los que urgió a que actuaran a favor de América
Latina que no recibió los beneficios del Plan Marshall, ni la
cooperación tantas veces prometida y negada. Frondizi se negó
a suscribir un pacto militar con los estados Unidos a pesar de que
obtuvo un apoyo decisivo para su política energética por parte

 

de capitales privados de ese país (se firmaron 213 contratos con
la banca Loeb, la American Oil Co., la Tenesse, Esso y otras
empresas).
5. Dentro de su visión central de hermandad latinoamericana,
Frondizi le asignó un lugar privilegiado a las relaciones con el
Brasil, sobre todo después de la instalación de Janio Quadros en
1960, cuando se estableció una diálogo excepcional para la
historia de las relaciones bilaterales entre ambos países. La
política regional y continental de la Argentina partió del supuesto
de una estrecha coordinación entre ambas Cancillerías.
Practicamos una política de consulta previa y acción conjunta
para todas las cuestiones importantes. Apenas instalado en la
presidencia, Arturo Frondizi coincidió y apoyó el proyecto de
Operación Panamericana que lanzó Juscelino Kubitschek que fue
sin duda un antecedente de la Alianza para el Progreso.
El entendimiento con Brasil fue amplio, existe un memorándum
donde se esbozan los lineamientos de la acción conjunta: a)
liberación efectiva de las antiguas dependencias internacionales
(EEUU y Gran Bretaña); b) suprimir las viejas rivalidades sin
sentido; c) firma del Tratado de Montevideo y dar un contenido
concreto a la política interamericana; d) Otorgar un punto de
partida sólido a una política sudamericana que favorezca el
destino nacional de potencia mundial de ambos países. La
conferencia entre Frondizi y Janio Quadros que tuvo lugar en
abril de 1961 – a pesar que el brasileño tenía una concepción
tercermundista y Frondizi era más pragmático – coincidieron en
alejar la “guerra fría“ del continente americano, en usar la
conciliación y en mantener a toda costa en América Latina el
“pluralismo político“ como único resguardo para preservar la
soberanía e independencia de los países de la región. En Buenos

Aires, el Secretario de Marina Almirante Clement manifestó su
opinión contraria al encuentro de ambos presidentes porque
implicaba “un franco viraje a la izquierda, comunista o
protocomunista”. A pesar del jaqueo interno a que estaba
sometido, el presidente Frondizi asistió a la Conferencia de
Uruguayana donde se trató un Acuerdo de Amistad y Consulta, la
situación de Cuba, el intercambio regional entre ambos países y
otros temas. Allí Frondizi hizo una larga exposición sobre su
visión de la situación mundial, las relaciones con las grandes
potencias y su repudio a la injerencia directa o indirecta de
factores extracontinentales. En esa reunión hubo coincidencias y
se coincidió en un tema que tendría una gran repercusión
futura: el aprovechamiento del Salto de Sete Quedas que luego
se transformaría en Itaipú.

Un año después, ambos presidentes dejarían sus cargos,
acosados por las realidades políticas internas y las relaciones
bilaterales retomarían el camino tradicional. Lo que debió ser
una cooperación conjunta se transformó en la “saga
hidroeléctrica”. Años antes Perón tuvo una decepción semejante
ante la defección de Vargas,
6. Otra cuestión clave sobre la cual he escrito mucho es el tema
de Cuba. La revolución cubana fue la experiencia política más
espectacular que conoció América Latina desde la Segunda
Guerra Mundial, porque rompió con el supuesto estratégico de
la solidaridad hemisférica frente al Comunismo y la injerencia en
el continente americano de potencias extrañas a la región.
Fidel Castro apoyado por los Estados Unidos inició junto con
Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos la ofensiva final contra
Fulgencio Batista quien abandonó la isla dándole el triunfo a los guerrilleros que entraron en La Habana el 31 de diciembre de
1958.
Las historias personales de John Kennedy, Nikita Kruschev,
Arturo Frondizi o Jao Goulart tienen la marca indeleble del
destino de Fidel Castro. Él colocó a los grandes frente a frente en
la noche de los misiles, cambió las condiciones de la seguridad
hemisférica y obligó a reformular las doctrinas militares.
Cuando en mayo de 1958 estuvo en Buenos Aires para la reunión
de los 21, fue ovacionado como un viejo amigo de “los amantes
de la libertad“ (diario la Nación 2 de mayo de 1958).

El grave conflicto regional y continental que provocó la
revolución cubana es una larga saga a la que, por razones de
tiempo es imposible referirme. En realidad, el objetivo del
presidente argentino fue ligar los Estados Unidos, Cuba y los
países de América Latina en un “compromiso” de convivencia
que pusiera fin a las agresiones y a la declarada guerra ideológica
desatada en la región, de la cual su gobierno era también
víctima.

Cuando Adlai Stevenson – representante norteamericano en las
Naciones Unidas – visitó en julio de 1961 la Argentina, el
presidente Frondizi conversó largamente con él, y le explicó su
posición, que consistía en evitar el aislamiento de Cuba y
considerar la revolución cubana en el contexto de las
frustraciones que padecían todos los países latinoamericanos
como consecuencia del atraso económico y social, del
estancamiento de su crecimiento y, en fin, de la marginación
social y política de grandes sectores de la población de América
Latina. Intentó el Presidente convencer al embajador
norteamericano, hombre muy influyente ante John F. Kennedy, de
no tratar la cuestión cubana como un capítulo de la tensión EsteOeste.
El tema de Cuba tenía una directa incidencia interna en los países latinoamericanos y provocaba tensiones de izquierda y de
derecha que jaqueaban a algunos gobiernos de la región, entre
otros al argentino.
Había que separar la cuestión cubana del conflicto Este -Oeste.
Frondizi trató por varios medios, inclusive a través del Vaticano,
de desarmar un enfrentamiento que se acentuaba.
En su viaje a las Naciones Unidas, en septiembre de 1961, el
presidente Frondizi hizo escala en Río para conversar con Joao
Goulart – sucesor de Jânio Quadros – y en Caracas, donde se
entrevistó con el presidente Betancourt. La versión de la
entrevista entre Kennedy y Frondizi permite comprobar la
diferencia de sus posiciones: mientras uno creía necesario aislar a
Cuba y atacar la agresión comunista, el otro pretendía solucionar
el problema a través de la cooperación económica, es decir a
través de la Alianza para el Progreso (Carta de Punta del Este, 17 de agosto de 1961). Para Frondizi, que reconoció “el carácter
comunista” de la influencia predominante en Cuba, “la mejor
arma contra la exportación de la revolución cubana era un rápido
desarrollo dentro de la libertad y los derechos humanos”.
A pesar de que Frondizi intentó convencer a Kennedy, en otro
encuentro que tuvo lugar en Florida al regresar aquel de un viaje
por Oriente, ninguno de los dos cambió de opinión. Después de
haber fracasado en su intervención para conciliar las partes, la
política exterior argentina se mantuvo sin alteraciones. La VIII
Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, que se
reunió en Punta del Este el 22 de enero de 1962, será el escenario
donde por mayoría debía aprobarse o no la expulsión de Cuba del
sistema interamericano.
El canciller Miguel Ángel Cárcano, que presidía la delegación, hizo
un alegato sobre la democracia, la libertad y el respeto de la
persona humana. Sostuvo claramente los principios de la
autodeterminación y de la no intervención, pero reconoció que el
sistema marxista-leninista era una amenaza para la democracia.

El enfrentamiento entre Cuba y los Estados Unidos fue frontal. En
su discurso – una diatriba contra los Estados Unidos – el
presidente de Cuba, Osvaldo Dorticós dijo: “Los Estados Unidos
parecen destinados por la Providencia para plagar a América de
miserias en nombre de la libertad”. El canciller Roa anunció:
“Cuba resistirá, Cuba peleará”. Hubo que elegir. La Resolución VI
llevaba por título “Expulsión del actual gobierno de Cuba de su
participación en el sistema interamericano”. El resultado fue
catorce votos a favor, uno en contra (Cuba) y seis abstenciones
(Argentina, entre ellas).
Desde la finalización del la Conferencia de Punta del Este, los
acontecimientos se precipitaron en Buenos Aires. Frondizi estaba
virtualmente jaqueado por una oposición civil y militar que ya
había decidido, una vez más, romper con el orden constitucional
de la República.

dramático. A las pocas horas de su llegada, los Comandantes en
Jefe de las tres Fuerzas Armadas pidieron una reunión para recibir
explicaciones sobre la actuación argentina. La reunión fue
presidida por Frondizi y asistieron el canciller Cárcano, los
delegados de las Fuerzas Armadas y otros funcionarios. En el
curso de la reunión, cuando el representante de la Marina pidió
explicaciones al doctor Cárcano, éste, con emoción y con el
señorío que siempre supo poner en su vida, respondió más o
menos lo siguiente:
“Vea señor, yo voté como lo hice, porque así me lo ordenó
por carta el Presidente de la República. Pero le advierto que
si el Presidente me hubiera dado otras instrucciones habría
renunciado como Ministro, como Embajador y hubiese
dejado la Conferencia.”

“Estos problemas de soberanía son problemas de dignidad
nacional y yo me había hecho la ilusión de que cuando
volviera al país iban a estar todos los representantes de las Fuerzas Armadas para felicitarme por la actitud mantenida.
En cambio, me encuentro con una reprobación de los que
tienen que ser los custodios de la soberanía argentina.”
Bajo fuerte presión, el gobierno rompió relaciones diplomáticas
con Cuba (decreto 1250 del 8 de febrero de 1962), quizás una
muestra de inútil debilidad de parte del Presidente.
Días antes, en ocasión de la inauguración del túnel subfluvial,
Frondizi pronunció su último discurso presidencial. Afirmó que la
delegación que había participado en la reunión de Punta del Este
no improvisó. “Fue intérprete – dijo – de una doctrina argentina,
que ha sido elaborada a lo largo de muchos años y basada en la
dura experiencia.”

“A pesar de la guerra fría y los intereses egoístas que se
esconden detrás de ella, a pesar de las reiteradas tentativas
de penetración que realiza el comunismo internacional, nos
cabe a nosotros, los argentinos, dejar claramente
establecido que lo que se está discutiendo en América, no es
la suerte de un caudillo extremista que se expresa a favor de
un orden político que nada tiene que ver con la realidad de
nuestros pueblos, sino el futuro de un grupo de naciones
subdesarrolladas que han decidido libremente ascender a
niveles más altos desenvolvimiento económico y social. Si
esta soberana decisión no es respetada; si se la pretende
ocultar o distorsionar con el juego ideológico de los
extremismos, entonces sí que el mal será difícil de conjurar:
un continente entero se convulsionará política y
socialmente. (…)”.

El presidente Frondizi, que había puesto tantos esfuerzos y
energía en su proyecto de conciliación de los argentinos, tendrá
que sufrir una nueva afrenta personal de quienes querían
degradar su imagen con graves acusaciones y solapadas intrigas.
El 18 de marzo se celebraban elecciones provinciales y el
peronismo bonaerense presentó, para gobernador y vice, la

fórmula Andrés Framini-Marcos Anglada. Contra las presiones del
gobierno, el peronismo ganó en 11 de los 18 distritos, incluyendo
la primera provincia argentina.
El Secretario de Marina, en nombre de la Armada, presionó al
ministro del Interior, Alfredo Vítolo, para que interviniera las
provincias donde había triunfado el peronismo. Frondizi accedió y
el 19 de marzo firmó los decretos de intervención de Buenos
Aires, Chaco, Río Negro, Tucumán, Santiago del Estero y otras.
Vítolo se negó a rubricar los decretos y renunció. Los firmó el
titular de Defensa Nacional, Justo P. Villar.

El destino de Frondizi estaba sellado por la sentencia de los que
habían decidido una vez más, como decían “salvar a la República”.
Los Comandantes en Jefe de las tres armas – Poggi, Penas y Cayo
Alsina – exigieron el alejamiento de Frondizi “a fin de agotar los
medios para salvar la organización constitucional”. El Jefe del
Estado ya no contaba con ningún apoyo militar.
Eran las 4.30 horas de la madrugada del día 29 de marzo de 1962
cuando el general Poggi cursó un radiograma a todas las unidades
del Ejército informando la destitución de Frondizi, quien a
primeras horas de la mañana fue conducido a la isla Martín
García.

Así terminará la presidencia de Arturo Frondizi. Una escena
repetida en nuestra historia. Abandonado, solo frente a la
sedición de los que tenía bajo su mando y por la conspiración de
muchos grupos de civiles que, por motivos ideológicos, de
interés o resentimiento, desde el comienzo de su mandato
habían decidido su destitución. La cara de la República fue
manchada, una vez más, con la tinta negra de la sedición.

SEGUNDA JORNADA: PRIORIDADES POLÍTICAS

Las bases políticas del gobierno desarrollista, por Julio Conte Grand.

 

“Para que se pueda llevar a cabo esta empresa de realización nacional es condición
previa e indispensable sellar definitivamente el reencuentro de los argentinos y
alcanzar una plena y efectiva paz nacional”.
El reencuentro y la paz quedaron así claramente destacados por el Presidente
Frondizi al inicio de su mandato como requisitos ineludibles e impostergables para la
ejecución de una política que resguarde los intereses nacionales y procure el
desarrollo.
En ese sentido reafirma el hecho de que a partir de su juramento como presidente
de la Nación quedaban restablecidos en el país el Estado de Derecho y la seguridad
jurídica. Frondizi es concluyente, se trata de poner la fuerza al servicio del derecho
y no a la inversa.
Aunque todo el Mensaje contiene en rigor lineamientos de naturaleza política, los
aspectos políticos estructurales están desarrollados en el Capítulo II, bajo el título
de “Bases políticas del desarrollo nacional”, y se exponen en tres subcapítulos a
partir de las siguientes denominaciones : “Significación del Estado de derecho”, “El
hombre como ser sagrado” y “Federalismo y vida municipal”.

La propuesta de tal modo se dispone conforme un orden expositivo que atiende a
una exigencia metodológica destacable ya que la estructura propia del sistema
político encuentra razón en el dispositivo jurídico, se ordena en función del ser
humano y reconoce una modalidad de organización política y de convivencia con
contenido histórico.
Rescata el hecho de que la Constitución prevé el equilibrio y funcionamiento
armónico de los poderes del Estado, “sobre la base del acatamiento a la voluntad, a
los derechos y a la realización del pueblo argentino”, que es “lo único que hay por
encima de la organización constitucional”. El poder político real, en esta
perspectiva, anida en la voluntad popular.
A su vez, el régimen institucional recuperado debe orientarse, según el presidente
Frondizi, a garantizar “a todos los habitantes de la nación la intangibilidad de su

libertad personal y de conciencia, su honor y sus bienes, y para que resguarde
celosamente el fuero íntimo del ser humano”, al que califica como “sagrado”.
En este sentido, Frondizi afirma: “Respetaremos los derechos humanos porque así lo
ordena la Constitución y las leyes, pero además porque ese respeto forma parte de
nuestra concepción del hombre como ser sagrado”. Y, como derivación de la tutela
del ser humano, confirma la necesidad de preservar a la familia, “en sus bases
morales, económicas y jurídicas”.
Las bases políticas cierran con una reivindicación del federalismo como factor de
integración nacional, arraigado en nuestra historia, que debe fortalecerse, al igual
que es necesario consolidar lo atinente a la vida municipal, sin “hacernos olvidar
que constituimos como Nación, una unidad destino”.

La visión política de Arturo Frondizi, por Rosendo Fraga.

La Fundación Arturo Frondizi ha publicado en cuatro tomos los mensajes
presidenciales leídos anualmente ante el Congreso durante los cuatro años en los que
Frondizi ejerció la Presidencia.
La edición también incluye los discursos y declaraciones de este Presidente y estadista,
con lo cual se ha logrado reunir el grueso de su legado a la posteridad.
Se trata de una obra de consulta esencial para todos aquellos que quieren estudiar el
período desde la perspectiva histórica, pero también para los ciudadanos interesados
por el pasado argentino y, en especial, para los que admiran la figura de Arturo
Frondizi y su actuación.
Esta edición también incita a revisar la actualidad de su pensamiento y su importancia
para intentar dar soluciones a los problemas del presente.

Desde la perspectiva política adquiere interés su primer mensaje ante el Congreso,
leído el mismo día que asumiera la Presidencia. Debe tenerse en cuenta que el
mensaje inaugural de todo Primer Mandatario también expresa lo que él quiere
proyectar de sí mismo y su aporte para la posteridad. Por eso, ahí está el núcleo de su
pensamiento político, que tiene rigurosa actualidad.
Comienza afirmando que asume el gobierno bajo «el signo de la normalización
institucional.». Ello sucede a casi tres años del gobierno de facto de la llamada
Revolución Libertadora. Es la tercera vez en menos de tres décadas que la Argentina
retoma la senda de la normalización institucional y asumen gobiernos electos tras
regimenes de facto.
En concreto, se trata del tercer intento de retomar la vida democrática tras dos
fracasos anteriores: la elección de 1931, que culminó con el golpe de 1943, y la de
1946, que derivó en el golpe de 1955.
Tras la prioridad manifiesta en la institucionalidad, expresa su propósito político al
manifestar una «clara e inequívoca voluntad del reencuentro argentino y retomar el
desarrollo nacional».
Pone a la unidad nacional como condición política necesaria para lograr el desarrollo
nacional. Hay quienes han criticado a Frondizi y el desarrollismo por subestimar lo
institucional y lo político en función de lo económico. Pero en el inicio de su mensaje

inaugural manifiesta una gran claridad conceptual: primero lo institucional (la
normalización), después lo político (el reencuentro) y luego la economía (el desarrollo
nacional).
La importancia política del reencuentro se explica en su contexto histórico: el conflicto
peronismo-antiperonismo dominaba la política argentina. Tres años antes, en junio de
1955, y en un intento de golpe que fracasa, se bombardea la Casa de Gobierno, y a
quienes manifestaban en la Plaza de Mayo en apoyo del gobierno, sin reparar en las
víctimas civiles. Esa noche eran quemadas por militantes peronistas las iglesias más
históricas de la Ciudad de Buenos Aires, incluida la Catedral y sus archivos.

Tres meses después, un movimiento cívico-militar derroca a Perón tras cuatro días de
sangrientos combates, y nueve meses más tarde, en junio de 1956, una
contrarrevolución peronista es reprimida con suma violencia y decenas de civiles y
militares peronistas que habían participado en la insurrección son fusilados.
La elección de 1958 se realiza con el Peronismo proscripto como partido y sus
principales figuras excluidas de la contienda electoral. Frondizi veía con realismo y
clara visión de largo plazo la necesidad imperiosa de reconciliar a peronistas y
antiperonistas.
No puede compararse la profundidad de dicho enfrentamiento al que hoy existe entre
Kirchnerismo y antikirchnerismo, pero se trata de un antagonismo que, si no se cierra,
se va a profundizar. El diálogo entre argentinos que piensan diferente se ha hecho
cada vez más difícil.
También el país se encuentra dividido respecto a la violencia de los años setenta y este
también es un tema pendiente de reconciliación, valor que Frondizi consideraba
fundamental para crear las condiciones políticas necesarias para alcanzar el desarrollo
nacional.

Explicita esta idea al decir que «para ello es condición previa e indispensable sellar
definitivamente el reencuentro de los argentinos y alcanzar una plena y efectiva paz
nacional. Debemos eliminar los motivos del encono, los pretextos de revancha y los
últimos vestigios de persecución que pudieran subsistir. Debemos extirpar de raíz el
odio y el miedo del corazón de los argentinos».
Como acción concreta para alcanzar el reencuentro, Frondizi anuncia «una amplia y
generosa amnistía» cuando estaban abiertos procesos judiciales contra ex funcionarios
y militantes peronistas y el propio Perón. En este sentido, afirma categóricamente que
«nadie debe ser perseguido por sus ideas ni su actuación política o gremial».
No niega la historia; la asume como tal, pero no como un motivo de discordia en el
presente. Por eso afirma: «Recibimos y valoramos todo lo pasado, con su grandeza y
sus debilidades, pero ese pasado queda a nuestras espaldas. No nos volveremos a
remover las culpas ni deslindar las responsabilidades que allí, desde hoy, quedan para
que las juzgue la historia.»

La utilización de la historia como justificación del relato ideológico se ha extendido e
intensificado desde el gobierno durante la última década y es algo que debe
cambiarse. Se ha llegado hasta el intento de cambiar la fecha de la declaración de la
Independencia, justo el año antes de que se conmemore su bicentenario, remover
estatuas, cambiar las imágenes históricas en los billetes. Como decía Frondizi, no se
trata de negar la historia, sino de no utilizarla como un motivo más de división y
conflicto.
La negativa a asumir liderazgos personalistas es otra idea política que Frondizi plantea
el 1 de mayo de 1958 -que tiene clara actualidad-, tras un largo período de
«hiperpresidencialismo» que se caracterizó por una alta concentración y
personificación del poder: Menemismo y Kirchnerismo han sido las manifestaciones
políticas de este fenómeno, más allá de sus fuertes diferencias políticas.
Esta es la idea que subyace en la frase de Frondizi cuando dice: «Por su magnitud la
empresa que nos aguarda no puede ser obra de un hombre o de un grupo de hombres.
Es tarea de todo el pueblo argentino.»
No se asume como un hombre providencial, sino como un Presidente que necesita la
cooperación de sus ciudadanos para tener éxito. Amplía el pedido de colaboración a
los diferentes sectores de la vida nacional, al decir: «El país reclama una participación
conjunta de sectores activos y un aporte integral de esfuerzos individuales. Nadie debe
esperar que todo provenga del gobierno.»

También propone concretamente ampliar la convocatoria a los distintos sectores de la
vida nacional: «El Poder Ejecutivo contribuirá a estos propósitos promoviendo
reuniones y consultas con los partidos políticos, con dirigentes gremiales del trabajo y
de la producción, hombres de ciencia, técnicos y profesionales, con instituciones
regionales representativas y con las expresiones más destacadas de la vida espiritual y
cultural argentina».
Hoy tras un período en el cual el diálogo entre oficialismo y oposición no ha estado
presente y ello ha contribuido a la división y la necesidad del reencuentro, se trata de
una propuesta que tiene gran actualidad. Se están cumpliendo siete años del conflicto
entre el campo y el kirchnerismo y el gobierno se sigue negando a reunirse con la
Comisión de Enlace, la entidad más representativa del sector. El diálogo con las centrales sindicales opositoras está interrumpido desde hace ya cuatro años.
Frondizi plantea con total claridad, hace casi sesenta años, la necesidad de tener
seguridad jurídica para permitir el desarrollo económico. Dice: «Para que el esfuerzo
sea realmente fecundo, el restablecimiento del Estado de derecho y la seguridad
jurídica debe ser puesto al servicio de un objetivo dominante: impulsar el desarrollo
económico nacional sobre un fundamento de justicia social y de absoluta vida moral.»
Propone un desarrollo económico en un marco humanista, al señalar que debe darse
«con justicia social y absoluta vida moral.» Esta referencia a la corrupción tiene
también gran vigencia, ya que, si no se la erradica, va a ser cada vez más difícil el
crecimiento económico.

Al decir «garantizamos la libertad y aseguramos el orden», incorpora la prioridad que
tiene para la función de gobierno el defender al mismo tiempo dos valores que a veces
pueden parecer antagónicos, como son la libertad y el orden. Ejemplifica bien la forma
de conciliación de ambos valores, diciendo: «La fuerza puesta al servicio del derecho y
no el derecho al servicio de la fuerza».
El debate sobre la seguridad pública, donde desde el oficialismo se han impulsado las
doctrinas «garantistas», debe tomar nota de esta idea de Frondizi respecto a la
conciliación del orden y la libertad.
El concepto de que el orden jurídico crea al mismo tiempo derechos y obligaciones lo
explicita así: «Debemos tomar conciencia de que el orden jurídico crea
responsabilidades y que cada uno debe sacrificar algo de sí para no interferir en el
derecho ajeno.»

Finalmente, plantea el concepto y el valor de los derechos humanos, décadas antes de
que se introduzca como valor en la política argentina. Lo hace desde una perspectiva
del humanismo cristiano cuando dice: «Respetaremos los derechos humanos porque
así lo ordenan la Constitución y las leyes, pero además porque ese respeto forma parte
de nuestra concepción del hombre como ser sagrado.»
Las palabras de Frondizi hablan por sí solas y su rigurosa actualidad en el campo
político confirman una vez más su gran capacidad como estadista y visionario.
Recordarlo hoy no sólo hace justicia al gran aporte que hizo para nuestro país como
pensador, estadista, político e intelectual, sino también se un intento de echar luz
sobre las confusiones que hoy imperan en la Argentina.

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