Frondizi: el sueño de otro lugar para nuestro país en el mundo

Por José Bielicki (ex diputado nacional UCR)

Los cambios profundos que se producen en los países, son actos donde la sociedad asume una común responsabilidad. Lo hace abandonando con decisión estructuras que impiden el camino del desarrollo y emprendiendo una marcha que transforma espectacularmente la economía y, en consecuencia, la vida de esos pueblos.

El ejemplo lo tenemos en la que se considera pasará a ser la primera economía del mundo: China. El notable cambio de un país comunista cerrado y que con la llegada al poder de Den Xiaoping, un dirigente desplazado por Mao Zedong y que muerto éste, en 1979, lanzó su gran proyecto de transformación y modernización que hoy la convierte en la segunda economía del planeta y a punto de ocupar el primer puesto. “ El gato puede ser blanco o negro, pero lo importante es que cace ratones”, es la frase de Deng que sintetiza su visión.

Abrió al mundo su gigantesco país, en ese momento de 1000 millones de habitantes; absorbió capitales creando empresas, tecnología y ocupación laboral, desarrollando todas las posibilidades de esa gran nación.

Este ejemplo nos lleva a recordar nuestra historia. Veinte años antes del cambio chino y, en nuestro caso, un fracaso doloroso. El 23 de febrero de 1958 (se cumplen en los próximos días 60 años), el radical Arturo Frondizi triunfaba en las primeras elecciones tras la caída de Perón y el 1° de mayo asumía la presidencia en muy difíciles condiciones.

Fue el triunfador que derrotó el proyecto del gobierno militar de la llamada Revolución Libertadora. Llegó muy condicionado, pero conciente de que la pacificación era la base para poder poner en marcha la transformación de las perimidas estructuras y avanzar en la gran expansión.“El nos introdujo en la era de la modernidad -afirma el filosofo Tomás Abraham-. Después de Frondizi entramos en una pendiente… Fue un político argentino distinto. Fue el último intento de hacer de nuestro país una nación industrial y competente”.

Esta frase contundente se afirma en lo alcanzado, pese a la irracional contumacia con que fue agredido su gobierno, por las transformaciones logradas. Triplicar la producción de petróleo y alcanzar el autoabastecimiento, duplicar la producción de caucho, impulso de la industria petroquímica y la industria automotriz, gasoductos y oleoductos; se tecnificó el agro y tanto más, en una expansión sin antecedentes.

¿Cuál fue la sinrazón por la que se detuvo aquel proceso que -de haberse sostenido en el tiempo nos hubiera podido conducir a ser una de las grandes naciones y no la expresión de la pobreza y un estancamiento crónico económico y social? La repuesta está en la trama de intereses de corto plazo y la falta de una visión estratégica de conjunto que llevó a la constante acción conspirativa de jefes militares, azuzados por dirigentes políticos y los intereses afectados por el profundo cambio que se producía. Todo sirvió para desestabilizar y frustrar aquella oportunidad histórica. Ese fue el triste final que llevó a la destitución y reclusión de un Presidente con estatura de estadista y la interrupción de un camino que todavía estamos buscando retomar, luego de tantos retrocesos.

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